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martes, 13 de agosto de 2013

Jugar y plantar

                                         


Después de jugar más de treinta años al fútbol, felicito a mis canillas: hemos terminado, les digo, y las pobres sonríen agradecidas. Hay que sacarme el sombrero por haber sudado tanto; sobre pasto y sobre arenas y también sobre cascajos. Si el tiempo de las pichangas reportase algunas chauchas , tendría el ahorro previo para comprarme una casa .
 En tales barruntamientos me pilla el doctor notificándome de pasada que -como consecuencia de tanto peloteo - tengo el corazón de un bovino ( por no decirme vaca de frentón)  . Y me advierte que si lo dejo funcionando " en baja" será asaltado violentamente por el colesterol, lo que en buen romance  significa , convertirse en un cliente temprano del Parque del Recuerdo.
  Decido pues  dedicarme a algún deporte que me impida chocar directamente con el adversario. Deportes pacíficos , en suma : nada de violencia. Y mientras me hago el ánimo de jugar tenis o a los bolos sufro un súbito ataque ecológico y me propongo  no dejar pasar este invierno sin plantar un árbol. Total, ya he escrito irresponsablemente  una cantidad de palabras como para formar un libro y he aportado con cuatro hijos a las necesidades de repoblación de nuestro territorio. Sólo me falta plantar árboles . Y atendiendo a los versos del poeta temuquense Tulio Mora , planto notros.


"El notro esta sangrando trasplantado en las ciudades
dolor multiplicado
añora el bosque grande, oloroso
donde quedaron sus raíces
pero intuye que la selva ya no existe
y está muy sola la pobre tierra pobre"

  Me reencuentro con la pala, noble herramienta que ha mucho no tomaba con mis manos. Ocurre que de tanto ver hombres trabajando con ella uno empieza a ignorarlos y a perderle el respeto a Doña Pala ; del mismo modo como le vamos perdiendo el respeto a muchas cosas importantes. La pala es al tercer mundo lo que el computador es para los países industrializados . Aleccionador, por lo tanto, es hundir por extensión de ella nuestras manos en la tierra.
  La vida es crecer , madurar y envejecer. Hay un tiempo inexorable que nos empuja  y que finalmente nos para. Y pasa volando. Cuando tenemos 20 años solemos pensar que esa es la edad del país o de la tierra; pronto tendremos cuarenta y tomaremos nota de nuestra insignificancia.

 ¡ Que lindo; plantamos treinta notros! 

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