En vísperas
de Navidad entro a una perfumería
pensando en ese fascinante personaje de Suskind de la novela "El
perfume". Jean Baptiste Grenouillé posee dos características que no tengo:
un olfato maravilloso que terminará convirtiéndole en un perfumista monstruoso;
y el poseer además la singular condición de no tener olor el mismo.
Ya dentro del negocio observo a otros dos
varones en similar estado de ignorancia, que recorren las estanterías con aire
de total desamparo. Tienen una misión concreta ; pero se comportan como la
mayoría de los estudiantes municipales que rinden la PSU. No atinan.
-"
Quiero un perfume..."
La
niña mira con cara de signo interrogativo. Leo su mente y parece decir "
Otro hombre despistado..." Entonces recuerdo que hace como un quinquenio
tuve cierto éxito navideño con un perfume que venía en una botella con forma de
hoja. Con ese dato la vendedora me trae tres "hojas", pero ninguno
corresponde y las botellas se ven más bien "chulas" . La niña entonces las retira con alivio y ahora toma la
iniciativa rociando su antebrazo. Luego lo pone cerca de mi nariz sin saber que su esfuerzo no contribuye
mucho a la solución del problema .
- Es
rico, miento; pues no huelo casi nada.
Ella capta finalmente la gravedad de la
situación y como debe atender a otros clientes tan redondos como yo , me tira
el último as bajo la manga :
-¿
Cuánto quiere gastar?
Y otra
vez la PSU. ¿Será prudente gastar mucho, desoyendo el consejo de los obispos
sobre aquello de no desnaturalizar el espíritu navideño?
Bueno, la cifra termina siendo anti navideña
, pero facilita las cosas y salgo de la perfumería tan contento como el
personaje de Suskind cuando logra el perfume más extraordinario puesto en un frasco.
Y me siento feliz y sin olor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario