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sábado, 10 de agosto de 2013

Lo "Pital" no anda mal

                 
No es frecuente oír loas hospitalarias. Porque lo que siempre surge con mayor facilidad el dolor y la  consecutiva quejumbre de los pacientes  o de sus parientes. Quien se siente  quebrantado en su salud suele pensar que él "es el enfermo más grave del mundo" y anda sobresaltado. Y también sus familiares, o los deudos, cuando no hubo nada que hacer y...Kaput.
   
    Lógicamente la gente que trabaja en un hospital no se altera mucho ante cualquier tos, arcada, o pujo, ni menos con aquellos que presentan dolores resbalosos que suben y que bajan igual que los Fondos Mutuos. Porque hay gente que visita "lo pital" como si fuera un club social e importuna a medio mundo con consultas administrativas o dolencias metafísicas. Esta clientela es bastante zumbadora y son a menudo los principales accionistas del pelambre y la maledicencia.

-"Este hospital  anda como las reverendas..."

     Falta equidad para comprender la complejidad de un Hospital Regional.
     Yo lo visito una  o dos veces al año y me surge la imagen de quien visita muy de cuando en cuando un criadero y se maravilla cuando la gallina pone un huevo. Para el que trabaja allí , en cambio, esto no es más que una eficiente y productiva rutina. Básicamente, se preocupa por que  los huevos no se quiebren .

     Mi señora puso un" huevo " en el hospital la semana pasada ( hemos estado sordos a las recomendaciones internacionales sobre planificación familiar) , y pasé varias horas- que me parecen
 siglos-ayudando a pujar en el pasillo.
    Y entonces además uno mira.
     Y ve que todo está limpio y ordenado , y ve como se trata con bastante paciencia y consideración a gente de todos los pelajes, y ve como trajinan de un lado a otro los profesionales, empleados y auxiliares, en esta colmena que vibra las veinticuatro horas del día.

      En un hospital se aprecia con mayor claridad que en otras partes, aquello de la dignidad de los oficios.
Porque en el resultado final tienen que ver tanto el lustrador de los pasillos como ese profesional que trabaja " a corazón abierto". Si observamos atentamente veremos que hay un ambiente de seriedad pero que se sustenta en una sutil camaradería hospitalaria .Pequeños gestos, leves sonrisas, por ejemplo , entre aquel que empuja una camilla y ese otro que maniobra el ascensor.

Y no esta ausente el buen humor. Un médico especialista me comenta: "Si me pagaran 10 pesos por cada enfermo que veo , sería inmensamente rico..."

Y uno mira, con el cogote más largo que una jirafa,  hacia la puerta donde debería salir alguien con ancha sonrisa a decirme : listo el "huevo". Pero nada todavía.  Entonces uno  empieza a preguntar , haciéndose el calmado.
       Finalmente, ya mas relajado y con el "huevito" en mis brazos , medito sobre lo maravilloso de la vida . Y miro hacia adentro del hospital , hacia el abnegado trabajo hospitalario, y respeto a todos los que allí laboran.
    Luego, por la ventana , miro hacia afuera , hacia esta ciudad querida con sus cerros verdes y su apatía y sus mitos. Y me refuerza la idea que el mejor capital que tenemos  en Chile es nuestra gente.
   A menudo , entre tanto plástico y cosa vana , solemos perder el olfato y la capacidad para distinguir los verdaderos aromas. Yo lo recobré un poco la semana pasada en el Hospital regional.
   Y hallé que olía bien .

                                                                                                             B.V     9-II -1983
   









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